6.01.2012

La rebelión de A


En estos últimos y conflictivos meses me he estado acordando de una historia que si bien fue escrita hace ya un tiempo no deja de ser relevante y reveladora.

La historia es bastante sencilla y lineal con héroes y villanos claramente definidos y fácilmente identificables. El lenguaje es por momentos críptico y los personajes tienen algo de mitológicos, pero la narración no cae en ningún momento en los a veces odiosos recursos estilísticos de las historias posmodernas con sus múltiples puntos de vista y cronología fragmentada. La premisa de la historia es bastante simple: el rey/soberano/gobierno ha determinado lo que es legal y lo que no lo es, y el personaje principal decide rebelarse contra la ley soberana desde una posición ética inquebrantable que cuestiona y refuta la violencia instrumental del poder soberano. Me refiero a la rebelión de Antígona en la tragedia homónima de Sófocles.

Tras la muerte de su padre Edipo, Antígona regresa a Tebas, donde sus hermanos, Eteocles y Polinices, se alternan el trono tal y como había sido establecido por Edipo. En una de esas, sin embargo, Eteocles decide (muy latinoamericanamente) extender su mandato más allá del período estipulado, desencadenando así una guerra civil. Las élites y el ejército tebanos, faltaba más, se alinean con Eteocles; Polinices, con el respaldo del pueblo, decide por su parte buscar aliados fuera de Tebas, quienes rápidamente son tildados de criminales y terroristas por Eteocles y sus lacayos tras, suponemos, una “profunda” investigación de los escribas oficialistas. Cuando Polinices regresa a la ciudad a reclamar lo que le corresponde se desata una batalla y ambos hermanos mueren en combate. Creonte, tío de ambos y de Antígona, asume el trono de Tebas y ordena que Eteocles, el hermano que se autorecetó un segundo período, sea enterrado con todos los honores del caso pues considera que murió defendiendo el honor de la ciudad. A Polinices, por el contrario, Creonte decide dejarlo a la intemperie para que su cuerpo lo devoren los perros y buitres pues determina que es un traidor que no merece recibir honras fúnebres o sepultura. Más aún, Creonte estipula que si alguien osa desobedecer sus órdenes será condenado a muerte. Antígona, sin embargo, decide no acatar la ley soberana y entierra a su hermano Polinices de acuerdo a los ritos de la época. Creonte se entera y ordena que Antígona sea enterrada viva, pero ésta opta por quitarse la vida ahorcándose.

La historia no termina ahí—al mejor estilo griego, el hijo y la esposa de Creonte también se suicidan—pero lo que me interesa aquí es la rebelión de Antígona, su decisión de no acatar la ley soberana.[1] Su rebelión va claramente más allá del amor fratricida pues Antígona se rebela, también, contra la versión distorsionada de la historia que el poder quiere imponer. Esta versión no sólo le asegura a Eteocles un lugar en la historia oficial de Tebas, sino que además borra la violencia original que desencadenó la guerra civil: la permanencia en el poder de Eteocles más allá de lo estipulado. Polinices, por su parte, pasaría en esta versión a la posteridad como un traidor, criminal y terrorista que buscaba desestabilizar la “paz” de Tebas, quedando paulatinamente en el olvido que fue a él a quien legítimamente le correspondía el trono.

La rebelión de Antígona está motivada por una noción que si bien no podemos definir con exactitud o codificar en leyes está muy por encima de cualquier ley: la Justicia. Incluso si la ley soberana ha determinado que Polinices no sea enterrado, para Antígona honrar a su hermano y darle su debido lugar en la historia es lo justo, aunque sea ilegal. Y si pensamos que el estado-nación se presenta asimismo a nivel alegórico y discursivo como una hermandad de iguales, la rebelión de Antígona debe ser leída como la irrupción del principio de equidad y la lógica auténticamente democrática en el orden de dominación del poder soberano, que es siempre el poder del más fuerte.

Sería relativamente fácil, con un poco de conciencia histórica y dos dedos de frente, señalar quién las ha hecho o las hace de Creonte, Eteocles o Polínices en Guatemala. Pero qué dificil resulta sumar Antígonas honestamente dispuestas (y dispuestos) a llevar a cabo una rebelión ética que postule como principio irrefutable la igualdad radical ante el otro; que aspire a extirpar el racismo, la discriminación y la exclusión a nivel estructural; y que ponga la Justicia por encima de la ley, la empatía por encima de la retórica moralista del cambio individual, y el bien común por encima de los intereses económicos y partidarios que la ley soberana respalda y promueve. 

[1] Existen múltiples interpretaciones de Antígona, entre ellas las de Hegel, Jacques Lacan y Judith Butler. Aquí simplemente me limito a señalar algunos puntos que me parecen relevantes para el tema en mención.

Publicado en Plaza Pública – 2 de junio, 2012


2 comments:

  1. Excelente símil el que haces, no puedo estar más de acuerdo contigo. Saludos,

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    1. Gracias, Bea Z. Saludos de regreso...

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